Con este panorama de fondo instala su taller en Venecia el impresor Aldo Manuzio (1449-1515). La elección de la ciudad de los canales no es casual. Venecia era en aquellos años una de las ciudades más cosmopolitas de Europa y eso tenía su reflejo en el creciente número de talleres de impresión con que contaba la ciudad-estado. Escritores perseguidos en otros puntos de Europa y argumentos prohibidos, como el erótico, encontraban en Venecia su refugio.
Aquí publicaría el clérigo Francisco Delicado La lozana andaluza y en esta ciudad encontrarían refugio los libreros e impresores huidos tras la toma de Constantinopla en 1453 por el ejército otomano. Los monjes armenios encontraron también acogida en una de las islas de la laguna y allí instalaron su imprenta equipada con los tipos móviles de su idioma nacional, al que tradujeron buena parte de las obras de la antigüedad clásica.
Aldo Manuzio, desde su taller de impresión, se propuso afrontar una revolución en el mercado de libros. Sus esfuerzos se dirigieron en primer lugar a garantizar la calidad de las traducciones y en segundo término a hacer posible que los libros salieran del exclusivo reducto social en el que estaban confinados.
via: Juan Manuel Costoya
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